



La incursión en la energía renovable comenzó en 2011, cuando la familia Schürch consideró alternativas de calefacción. Este interés los llevó a contactar a Niklaus Hari, un pionero en la instalación de pequeñas plantas de biogás. La colaboración con Hari y Christian Hauert, un experto económico, culminó en el diseño de una planta optimizada para gestionar el estiércol de más de cuarenta cabezas de ganado. Las obras, que se iniciaron en agosto de 2016, se completaron en un tiempo récord de siete semanas, marcando un hito en la granja.
El corazón de la instalación es un fermentador de 200 metros cúbicos, cuidadosamente enterrado para minimizar su impacto visual, dejando visible únicamente la válvula de seguridad. Este digestor está diseñado para procesar el estiércol de hasta 50 vacas, generando aproximadamente 16 kilovatios de electricidad y 35 kilovatios de calor. Dentro del fermentador, microorganismos actúan en ausencia de oxígeno, descomponiendo el estiércol y produciendo biogás, una mezcla rica en metano que se almacena en un globo. Este gas luego alimenta un motor de cogeneración, que simultáneamente produce electricidad y calor. La mayor parte de la electricidad generada se vierte a la red eléctrica, mientras que una porción del calor se utiliza para mantener la temperatura del fermentador, y el resto calienta las viviendas de la propiedad.
Beat Schürch dedica aproximadamente una hora al día al mantenimiento de la planta, comparando la alimentación de los microorganismos con el cuidado de sus vacas. Adicionalmente al estiércol, el fermentador recibe posos de café y aceite de cocina usado, lo que demuestra la versatilidad del sistema. El residuo sólido resultante del proceso, conocido como digestato, se utiliza como fertilizante en los campos de la granja. Una ventaja significativa de este abono es la ausencia de olores desagradables y una distribución más uniforme en comparación con el estiércol crudo, según estudios de la Universidad de Berna.
El metano, un potente gas de efecto invernadero, es 25 veces más impactante que el CO2. Al capturarlo y quemarlo en un sistema cerrado, la planta de biogás evita estas emisiones, generando certificados de CO2 que los Schürch venden a la Universidad de Berna a través de Ökostrom Schweiz, la asociación suiza de biogás agrícola. Benjamin Jungblut, de Ökostrom Schweiz, estima que una granja de este tamaño puede ahorrar alrededor de 70 toneladas de CO2 al año, una cantidad equivalente a la de 35 vuelos transatlánticos. Beat Schürch enfatiza que, más allá de los beneficios económicos, su motivación principal es la convicción ambiental de retener los nutrientes en el abono y reducir las emisiones de metano.
A pesar del éxito de la familia Schürch, las pequeñas plantas de biogás siguen siendo una rareza en Suiza. Michael Studer, director del centro de biomasa de la Universidad de Ciencias Aplicadas de Berna (BFH-HAFL), señala que la dispersión y la naturaleza del estiércol presentan desafíos logísticos. No obstante, el cantón de Berna, reconocido por su alta producción de estiércol, ha invertido 2 millones de francos en el centro de biomasa de Zollikofen para impulsar el desarrollo de estas instalaciones. Mientras tanto, otras naciones exploran soluciones alternativas, como Dinamarca con el almacenamiento de CO2 submarino y Bizkaia con la conversión de residuos orgánicos en biometano, lo que demuestra la diversidad de enfoques para la gestión de residuos.
Las 70 toneladas de CO2 ahorradas son una estimación de Ökostrom Schweiz y no se basan en mediciones directas en la granja. Además, la planta no aborda las emisiones de metano producidas directamente por las vacas durante su digestión. Un estudio europeo de 2021, que incluyó tres plantas suizas de biogás (mucho más grandes que la de Bütikofen), reveló que estas aprovechaban entre el 97% y el 98.5% de su metano. Deborah Scharfy, también de Ökostrom Schweiz, subraya la importancia del control de fugas, independientemente del tamaño de la planta. La experiencia de los Schürch, documentada en la revista uniAKTUELL de la Universidad de Berna, está disponible para el público a través de visitas guiadas, ofreciendo una oportunidad única para aprender sobre este modelo de sostenibilidad.